Este modismo típicamente argentino hace referencia a la acción de firmar, y por proximidad a toda actividad que implique asegurarse algún beneficio para sí.
Si aplicaramos este giro idiomático al mundo del marketing, y más específicamente al área digital, surgen una basta cantidad de operaciones y conceptos destinados a lograr que la audiencia a quien va destinada una acción se comprometa con la misma de la manera más intensa posible.
Uno de estos conceptos es el “engagement”, que remite a la atención, al interés con que esos públicos reaccionan ante una estrategia de marketing determinada o ante alguno de sus elementos. En definitiva es el compromiso que el destinatario demuestra con una campaña o marca.
Esta teoría resulta muy atractiva a la lectura, el quid reside en cómo lograrla. Es muy habitual que las ideas que en un principio se presumen exitosas no terminan siéndolo porque no logran llamar la atención de los públicos, no logran la motivación necesaria para llegar al grado de consecución esperado.
Lograr una acción con buen “engagement” implica no sólo lograr la participación de los públicos, sino también propenderlos a compartir su experiencia.
Se trata entonces de ir más allá de la acción publicitaria logrando un plus. El éxito ya no está dado únicamente por resultados numéricos en cuánto acceso o participación sino que además ha de tenerse también como objetivo la persuasión de los públicos para realizar una tarea adicional a la original: la viralización. Un usuario comprometido y seducido por una acción específica se convierte en una plataforma de difusión inmejorable.
Existen diferentes niveles en que los públicos pueden involucrarse en nuestra estrategia, estos grados van desde los menos comprometidos, realizando actividades mínimas como un simple etiquetado o bookmarking, hasta aquellos que se implican a niveles mucho mayores, con un eminente sesgo social, agregando amigos o creando páginas relacionadas.
Ahora bien, cómo lograr que nuestra estrategia de comunicación se diferencie del resto para que así tenga más trascendencia y logre en los públicos un mayor nivel de compromiso. No existe un manual que nos diga la manera de hacerlo de la forma más efectiva, pero sí podemos inferir algunas líneas generales sobre las cuales transitar:
- Dotar a la acción de una importancia ineludible, encontrar esa característica que hace a nuestra estrategia única y altamente seductora, de modo que la audiencia infiera como vital la participación en una acción determinada.
- Prestar especial atención a la delimitación de los componentes y factores que tienen influencia en la acción: análisis de la relevancia situacional en tiempo presente, temporal a mediano plazo e histórica a largo plazo, todo ello directamente ligado con las características propias del target.
- Crear una necesidad de lo que ofrecemos y no esperar a que eso que ofrecemos la cree.
- No vender lo que hacemos sino lo que somos, o en todo caso, cómo lo hacemos. Es decir, no vender un producto/servicio, sino una filosofía, una forma de pensar o de llevar a cabo nuestra actividad. Filosofía con la cual la audiencia pueda comulgar o disentir pero que, sea cual fuere el caso, les resulte imposible de ignorar.
Claro que éstas son sólo algunas alternativas dentro de una gran mundo de posibilidades. Te animás a contarnos cuáles serían tus acciones para lograr un buen engagement? Cómo sería tu primer movida? Participá comentando esta entrada!



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