Google, el buscador más poderoso del mundo, deja de funcionar con restricciones en China y abre el debate sobre su rol e influencia en la sociedad de la información.
Larry Page se despertó en medio de la noche con un sueño vívido. Tomó lápiz y papel y comenzó a garabatear los detalles, convencido de que funcionaría. Pensaba en descargar la Web entera en una computadora y conservar los links. Tenía entonces 23 años y la idea de construir un motor de búsqueda ni siquiera estaba en el radar. “Algunas veces es importante despertarse y dejar de soñar”, se dijo.
La genialidad radica en el mecanismo con el que se propusieron evaluar la relevancia de las páginas web. Al igual que el sistema de citas bibliográficas que usaban en la universidad, razonaron que las páginas más relevantes para una búsqueda en Internet serían aquellas más citadas por otras páginas, lo que equivale a aquellas que reciben mayor número de links .
Cuando fundaron Google Inc., en 1998, Page y Brin se propusieron la misión de “organizar toda la información del mundo” para hacerla universalmente accesible y útil, bajo el autoproclamado mantra de “no hacer el mal”. Así construyeron su mayor capital: la confianza en sus búsquedas. Y por esa misma razón, tras reevaluar el escenario, el lunes pasado, la compañía dio marcha atrás con la censura que desde 2006 aplicaba a las búsquedas de Google.cn, la filial china con la que pretendía acceder a un atractivo mercado de 400 millones de usuarios.
Anakin versus Darth Vader. Cuando se conoció la noticia del desembarco en China, las críticas arreciaron. A contramano de su axioma de hacer el bien, Google aparecía cediendo terreno en el compromiso de defender la transparencia, la libertad y la neutralidad de Internet.
El pasaporte para iniciar sus operaciones en la economía de mayor crecimiento del mundo consistía en mutilar términos considerados incorrectos por el gobierno chino, como derechos humanos, corrupción, pornografía o la matanza de Tiananmen.
Amnistía Internacional acusó a la compañía de restringir los derechos de los usuarios chinos a la libertad de expresión e información. Los usuarios de Internet bramaban en los blogs, y comparaban a Google con Darth Vader, el siniestro personaje de La Guerra de las Galaxias .
“Cuando entramos a China éramos conscientes de las limitaciones. Dijimos que no era lo ideal, pero que era mejor tener más acceso a la información que menos”, señaló a este diario Alberto Arébalos, director de Comunicaciones y Asuntos Públicos de Google para América latina.
El buscador se reservó entonces el derecho de indicar a sus usuarios qué términos -como “democracia” o “Tíbet”- eran filtrados, dando pistas sobre la acción de la censura oficial.
El límite que Google estaba dispuesto a tolerar fue sobrepasado a finales del año pasado, cuando hackers de origen chino perpetraron un ataque informático contra sus servidores, aparentemente con el propósito de obtener datos de activistas de derechos humanos. “Llegó el momento en que tuvimos que analizar la situación y llegamos a la conclusión de que no queríamos seguir censurando”, dice Arébalos.
Al iniciarse la semana pasada, tras infructuosas negociaciones con las autoridades chinas, Sergey Brin resolvió dejar la autocensura y redirigir las búsquedas a su dominio en Hong Kong. Según los analistas de Wall Street, la medida pasó por encima las reglas del negocio con el objetivo de recuperar algo del capital ético perdido.
Arébalos no cree que la consideración sobre recuperar o ganar capital ético sea válida. “Era la decisión en la que nos sentíamos más cómodos”, indica.
En una entrevista con The Wall Street Journal , Brin dijo que no toleró el doble estándar en el que había caído la compañía, al seguir haciendo negocios con un régimen con actitudes totalitarias. La medida se ganó el apoyo del gobierno de Barack Obama. El gobierno chino acusó al buscador de ser una herramienta del espionaje estadounidense.
El bien y el mal. Proporcionalmente a su tamaño e influencia, Google enfrenta desafíos y reclamos en torno a asuntos sensibles, como la protección de datos personales. De hecho, fue muy criticado tras el último lanzamiento de Google Buzz, herramienta para compartir links, fotos y videos con los contactos de Gmail para competir conFacebook.
“Google tiene acceso a la base de conocimientos más poderosa. Nuestras búsquedas, e-mails, mapas, calendarios, documentos digitales. Es información de vital importancia no sólo para los usuarios, sino también para los gobiernos”, advierte el cordobés Juan Manuel Lucero, de la agencia de marketing digital Innova. A modo de respuesta, en 2009 Google lanzó Dashboard, una plataforma para gestionar opciones de privacidad en todas sus aplicaciones, servicios y sitios.
El resto de la excelente nota de Franco Piccato, en LaVoz.com.ar



